En los últimos meses, el ácido hialurónico (AH) se ha convertido en protagonista de titulares y conversaciones… y no siempre para bien. Se habla de que dura más de lo que se dice, que deja residuos o incluso que “engorda” las caras. Como en casi todo, hay algo de verdad y algo de mito. Lo peligroso es quedarse con medias verdades.
- ¿Dura más de lo que nos cuentan?
Sí… pero no como muchos piensan.
Cuando un médico te dice que la duración de un tratamiento con AH es, por ejemplo, 9 meses, se refiere a la duración visible de su efecto, es decir, el tiempo durante el cual aporta volumen y resultados perceptibles.
Una vez ese efecto desaparece, pueden quedar pequeñas trazas del producto que tardarán más en degradarse, pero ya no estarán influyendo en el aspecto de tu rostro.
- ¿Quedan residuos en la piel?
El ácido hialurónico se somete a un proceso de reticulación para que dure más tiempo. En la mayoría de casos, se utiliza un compuesto llamado BDDE.
Es cierto que pueden quedar restos de BDDE en la piel, pero según los estudios, para que suponga un riesgo real, una persona tendría que inyectarse miles de viales a lo largo de su vida.
En otras palabras: en un uso médico responsable, la presencia de estos residuos no es peligrosa.
- ¿El ácido hialurónico “engorda” la cara?
Aquí es donde aparece el famoso Pillow Face o “cara hinchada”. El AH es un relleno, sí, pero su uso correcto no es para inflar rostros, sino para restaurar volúmenes perdidos con el paso del tiempo.
Cuando se usa de forma adecuada, el resultado es armónico y natural.
El problema surge con la sobredosificación: exceso de producto, colocación inadecuada y sesiones demasiado frecuentes. Esto sí puede generar saturación y dar lugar a ese aspecto hinchado tan poco favorecedor.
En resumen
El ácido hialurónico no es el enemigo, pero tampoco es un producto que deba usarse sin criterio. El Pillow Face no aparece por el simple hecho de tratarte con AH, sino por un uso inadecuado del mismo.
En MMClinic creemos en la medicina estética con medida, personalización y naturalidad. Porque verse bien es mucho más que rellenar: es restaurar, equilibrar y respetar la esencia de cada rostro.